La palabra limosna proviene del griego eleemosyne, y ésta a su vez de éleos (compasión, misericordia); inicialmente indicaba la actitud del hombre misericordioso y, luego, todas las obras de caridad hacia los necesitados. Esta palabra transformada ha quedado en casi todas las lenguas europeas: en francés: aumone; en portugués: esmola; en alemán almosen; en inglés: alms.
Cabe señalar que limosnero es principalmente quien otorga limosnas con frecuencia: de hecho, el significado de quien las pide o recibe, aparece en el DRAE sólo como un regionalismo.
Uno de esos ejemplos del curioso devenir de las palabras: amígdala hoy nos suena demasiado académica para referirnos al singular de "anginas"; sin embargo, un nombre tan "técnico" fue seguramente una manera popular de llamarle a ese órgano debido únicamente a su forma, ya que amigdala (a su vez, de origen griego) es la equivalente latina exacta de una palabra que aún conservamos en el español: almendra.
La palabra metáfora tiene su origen en dos términos griegos: meta- (más allá, fuera de -como en "metafísica"-) y -pherein (trasladar, llevar -como en "teleférico"-). Significa literalmente "llevar más allá". En su Poética Aristóteles dice: Metáfora es la transferencia del nombre de una cosa a otra; del género a la especie, de la especie al género o según analogía.
Original del francés "telephérique", teleférico se compone de dos términos griegos: têle (lejos) -como en "televisión"- y pherein (llevar, conducir) -como en "metáfora"-.